Un asador no se define por el tamaño de la carta, sino por lo que pasa delante de la brasa. En Casa Galván 825, en Las Torres de Cotillas, el fuego lleva el mando y todo lo demás va detrás.
Buscar un asador en Las Torres de Cotillas suele terminar en la misma duda: cuál hace de verdad brasa y cuál solo la nombra en el cartel. La diferencia se nota en tres cosas muy concretas —la madera, el producto y el punto— y ninguna de las tres se puede improvisar el mismo día del servicio.
Aquí te contamos cómo trabajamos, qué pedir según lo que te apetezca y cómo llegar hasta nosotros.
Un asador de verdad se construye sobre una decisión incómoda: cocinar con un elemento que no obedece del todo. La brasa no tiene termostato. Sube, baja, se abre y se cierra según la madera, la humedad y la hora del día. Quien cocina sobre ella no aprieta un botón, la lee.
De ahí salen las tres señales que puedes comprobar en cualquier sitio antes de sentarte:
Detalle que casi nadie mira: la altura de la parrilla. Subirla y bajarla es lo que permite sellar por fuera sin secar por dentro. Una parrilla fija obliga a cocinar todas las piezas igual, y no todas las piezas son iguales.
Nuestra carta se ordena por origen, no por categorías de manual. Es la forma más honesta de contarte lo que va a pasar en tu mesa.
Cortes de vacuno madurado, verdura de la huerta del Segura pasada por brasa —que es donde el pimiento, la alcachofa o el espárrago se transforman de verdad— y guarniciones sobrias, sin salsas que tapen. Si vienes en pareja o en mesa corta, una pieza grande para compartir cunde más y sale mejor de punto que dos raciones pequeñas.
Pescado entero a la parrilla según lonja. Es el plato que más gente se salta en un asador y casi siempre el que más sorprende: la brasa le da una piel crujiente y una carne jugosa que la plancha no consigue.
Puedes verlo todo en la carta del asador, o dejarte llevar por Los Trayectos, nuestros menús degustación de tres estaciones desde 59,90 € por persona.
Estamos en Las Torres de Cotillas, en la Región de Murcia, en la antigua estación de tren que da nombre a la casa. De ahí el 825: el número de una vieja locomotora, porque aquí todo llega a su hora y sale a fuego.
La ubicación juega a favor. Desde Murcia capital son unos veinte minutos en coche; desde Molina de Segura, Alguazas, Alcantarilla o Ceutí, aún menos. Es distancia de sobremesa larga sin tener que pensar en el tráfico de vuelta.
Dirección exacta y punto en el mapa, en la página de contacto.
La brasa marca el ritmo del servicio: cada pieza necesita su tiempo y no se puede acelerar sin estropearla. Por eso trabajamos con reserva, sobre todo fines de semana y mesas de más de seis.
Si vas a venir con un corte grande en mente o con una mesa numerosa, avisarnos al reservar nos permite dejar la pieza preparada y sacarla en su momento, no cuando toque.
Es lo recomendable, especialmente viernes, sábado y domingo al mediodía. Entre semana solemos tener más margen, pero una llamada te ahorra la espera.
Sí. Somos un restaurante de mesa larga y comida tranquila; en la carta siempre hay platos sencillos que funcionan con los más pequeños.
La verdura de temporada a la brasa es una parte seria de la carta, no un relleno. Avísanos al reservar si hay alergias o intolerancias en la mesa y lo organizamos.
Sí, con antelación. Para comidas de empresa, celebraciones y mesas grandes trabajamos con menú cerrado para que el servicio salga a tiempo.