Entre una carne hecha a la plancha y la misma carne hecha sobre brasa de encina hay más diferencia que en muchos platos entre dos restaurantes distintos. Y no es cuestión de humo.
Cuando alguien prueba una buena carne a la brasa de encina suele decir lo mismo: sabe más a carne. La explicación no es romántica, es física. Aquí va, sin misterio, lo que pasa entre la leña y el plato.
La encina es una madera dura y densa. Eso se traduce en tres ventajas concretas frente a maderas blandas o al carbón industrial:
La encina, además, tarda en encenderse y en apagarse. Eso obliga a preparar la brasa mucho antes del primer comensal, lo que también explica por qué no todos los restaurantes que dicen trabajar con leña lo hacen de verdad todos los días.
Ojo con el humo. El humo blanco y espeso no es señal de buena brasa, es señal de madera que aún está quemándose mal. La brasa útil es la que ya no llamea: gris por fuera, roja por dentro, sin fuego vivo.
El punto no es un número, es una secuencia. En la parrilla ocurren cuatro cosas por orden:
Una pieza que sale directa de la cámara al fuego se cocina de fuera hacia dentro con demasiada diferencia: costra pasada y centro frío. Sacarla antes y dejarla templar iguala el resultado.
Fuego fuerte, pieza cerca de la brasa, sin tocarla y sin pincharla. Cada vez que se pincha, se abre una vía de escape al jugo.
Se sube la parrilla y se deja subir la temperatura interior despacio. Aquí es donde el asador decide: cada corte tiene su grosor, su grasa y su tiempo.
El paso que más se salta y el que más se nota. Al reposar, el jugo que el calor ha empujado al centro vuelve a repartirse por toda la pieza. Sin reposo, ese jugo acaba en el plato en lugar de en la carne. Por eso una pieza a la brasa nunca sale corriendo de la cocina.
Sin necesidad de saber de cortes, esta guía rápida funciona en cualquier asador:
Todo esto está en nuestra carta, ordenada por origen: de la tierra y del mar. Y si prefieres no elegir, Los Trayectos hacen el recorrido por ti en tres estaciones.
Un asador es, por definición, un sitio donde el tiempo lo pone el fuego. La brasa se prepara horas antes, las piezas se atemperan, se cocinan y reposan. Nada de eso se puede acelerar sin perder algo por el camino.
Le pusimos a la casa el número de una vieja locomotora precisamente por eso: aquí todo llega a su hora. Sin prisa, pero sin perder el tren.
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